The Last Dance: detrás del éxito del documental y de los nuevos fans de Jordan, el show tóxico de la vanidad

    The Last Dance podría haber comenzado con el final del capítulo 7. El momento exacto en el que Michael Jordan admite que, querer ganar a cualquier costo, no sale gratis. Los ojos anuncian llanto. Hay amague de derrumbe. De corazón que se abre. Pero no. El campeón pide «break». Y la cámara se apaga. Una pena. Nos quedamos sin saber qué precio pagó Jordan. Lo intuímos. Porque Jordan acaba de escuchar que hasta sus propios compañeros de Chicago Bulls le tenían miedo. Y él mismo acaba de aceptar también que, para seguir ganando, maltrató mucho y odió demasiado. A uno porque no lo saludaba. A otros, simplemente porque un día jugaban mejor que él. La cámara vuelve a encenderse con el inicio del capítulo 8. Pero el corazón de Jordan ya se ha ido. Vuelve la marca. Nike Air. El director Jeson Hehir le muestra imágenes de su enésima hazaña. El día de una anotación récord para «vengarse» de un novato que, supuestamente, se había burlado de él cuando lo derrotó en el partido previo. Treinta años después, Jordan nos cuenta que esa burla jamás existió. Que fue todo un invento. El odio como motor.

    La serie documental de Jordan y los Chicago Bulls es la mejor sobre deportes que he visto en mi vida. Y Jordan (junto con Muhammad Alí y Diego Maradona) completa acaso mi podio histórico. The Last Dance pasa por temas áridos, pero pactó concesiones con Jordan. Su productora fue socia del documental. Hay críticos que dicen que eso no es periodismo. Y comparan a The Last Dance con documentales tremendos sobre O.J.Simpson o Aaron Hernández, ídolos encarcelados. Pero Jordan, el «tirano que sólo quería ganar», no asesinó a nadie. Y no es la primera ni será la última vez que entrevistador y entrevistado acuerdan condiciones. Aun así, The Last Dance es hipnótica. «Show, not tell» (mostrar, no contar). Imágenes y palabras que son puro documento. «El narcótico de la nostalgia». Deporte puro (talento individual y equipo, ciclos cumplidos, competencia a altísimo nivel). Y la vida (los padres, las envidias, los dolores). Son historias sin telenovela. La vida como es. Hasta que llega el límite. Jordan a punto de quebrarse. Y los campeones, sabemos, los campeones no lloran.