¿Qué pasa con el periodismo cuando un tema lo abarca todo?

    Recién, mientras almorzaba, tuve la pésima idea de encender el televisor. En la pantalla de Telefe había un informe —lo llamo así, pero no sé qué era eso— titulado «El periodismo en tiempos de coronavirus», en el que se elevaba el oficio periodístico a una categoría heroica, acompañando las imágenes de backstage —con noteros, productores y camarógrafos haciendo su trabajo— con un tratamiento estético que hacía pensar en una corresponsalía en Kosovo.

    Me dio tanta vergüenza esa autocelebración, y me dio tanto rechazo también, que pensé en escribir esto, y acá estoy.

    Hace mucho que no veo a los llamados «grandes medios» —sobre todo a la televisión— plegarse a los deseos del poder político y económico de un modo tan servil y explícito. Sé que hay excepciones (las que yo consumo son Radio con Vos, la Metro, Página/12, y algunos momentos de La Nación+ y Radio Mitre), pero en general el escenario es el mismo: en cuestión de días, medios que venían en picada, con agendas débiles y profundas crisis de legitimidad, recuperaron su razón de ser gracias al fogoneo constante y monotemático de noticias sobre la pandemia.