Por el derecho al buen morir

    El coronavirus está transformando nuestra vida y nuestra muerte a velocidad de contagio.

    En Italia se cerraron los cementerios y se prohibieron los funerales. En Perú solo cinco personas tienen derecho a ir al entierro, dos, si es cremación. En Estados Unidos se inauguran servicios funerarios transmitidos en internet o grabados para cuando la familia pueda hacer el duelo. Las despedidas de enfermos graves a sus seres queridos son a través de videollamadas.

    El nuevo orden mundial regido por el virus que se contagia con el contacto nos impone velorios remotos, breves, higiénicos, individualizados, sin abrazos, condolencias al oído ni lamento colectivo, sin lágrimas presenciales y sin difuntos como protagonistas.