La segunda ola: cómo una imprudencia hizo renacer al virus

    “Tenemos a una mujer sin olfato”, avisaron por teléfono desde el container que, frente al Hospital Municipal Dr. Emilio Ferreyra, oficia como espacio de atención exclusiva para pacientes con síntomas compatibles con coronavirus. El llamado se recibió en las oficinas de la Secretaría de Salud de la comuna y fue el disparador de una red que al cabo de un mes se pudo cortar en 32 contagios, pero que puso en alarma a esta comunidad.

    Cortar ese brote en expansión, potenciado por una reunión social que generó más de la mitad del total de infectados, fue una tarea titánica para un reducido grupo de profesionales y trabajadores de salud, agentes municipales, policías y voluntarios. Un trabajo artesanal con dos enemigos para lidiar seguido en el camino: el miedo y la mentira.

    Una carrera contrarreloj que implicó testear a casi 10 personas y aislar a otras 14 por cada uno de los infectados. Todo en un contexto que golpeó por igual a los casi 90.000 habitantes del distrito que, en menos de 24 horas y con el caso del “baby shower” en los medios nacionales e internacionales, tuvieron que dar varios pasos atrás para volver a la muy incómoda Fase 1. Eso significó aislamiento estricto, cierre de miles de comercios y solo habilitación para actividades esenciales.