El virus que corona a Alberto

    La consagración del Coronavirus como único gran tema global le permitió a Alberto Fernández dar un giro en su agenda hasta entonces desordenada, alinear al gabinete, seducir a los periodistas más reacios al kirchnerismo y consolidar “el movimiento albertista” como un hecho autónomo del cristinismo. La reclusión por decreto subrayó en el abogado peronista su faceta del varón justiciero y digno de confianza, el vocero hegemónico del gobierno, el que hace los off y marca la cancha en su esquema propio de poder radial.