El sector del coche autónomo muestra cómo reinventarse en una pandemia

    El cofundador y CTO de la start-up de camiones autónomos Embark Trucks, Brandon Moak, se sintió como si lo hubiera atropellado un tren. Era mediados de marzo y ya llevaba tiempo siguiendo el desarrollo de la expansión del coronavirus (COVID-19). Cuando entró en vigor la orden del confinamiento en el Área de la Bahía de San Francisco (EE. UU.), donde Embark tiene su sede, Moak y su equipo se vieron obligados a paralizar la mayoría de sus 13 semirremolques autónomos (algunos se quedaron en la carretera transportando carga de materiales esenciales pero nunca en modo autónomo) y a enviar a casa a la mayoría de su personal, sin tener ni idea de cuánto tiempo pasaría antes de que pudiera regresar.

    Moak y Embarque no eran los únicos. Por razones de seguridad, los vehículos autónomos suelen contar con dos operadores cada uno, algo prohibido en la era del alejamiento social. Los directivos de las empresas de vehículos autónomos sabían que tenían que paralizar sus flotas. De repente, toda esta naciente industria se veía envuelta en una situación problemática. Los vehículos autónomos siguen siendo experimentales, y los ensayos en el mundo real son el estándar de oro para recoger datos y mejorar la capacidad de los coches para operar de manera segura. Sin la posibilidad de salir a la carretera, las operaciones de conducción autónoma se enfrentaban al peligro de convertirse en un despilfarro de costes, sin una vía clara hacia el lanzamiento del producto en un corto plazo.