De los bancos tubulares de Tokio a los pinchos de Toronto: siete postales de arquitectura contra las personas sin techo

    Bancos con diseños que impiden tumbarse. Elementos punzantes que no permiten ponerse a refugio si llueve. Estatuas e incluso piedras que hacen inhabitable el espacio público. Son parte de la llamada ‘arquitectura hostil’, ‘urbanismo defensivo’ o ‘Anti Homeless Architecture’ [arquitectura contra las personas sin hogar], que busca expulsar de las ciudades a quienes se ven abocados a dormir al raso.

    Según señaló el historiador especializado Iain Borden a The Guardian, la arquitectura hostil tiene sus raíces en el diseño urbano y la gestión del espacio público de los años 90. Su aparición «sugiere que sólo somos ciudadanos en la medida en que estamos trabajando o consumiendo bienes directamente».

    Por tanto, no solo afecta a las personas que viven en las calles, sino a cualquiera que pretenda usarlas más allá del tránsito. «Es lo que algunos llaman comercialización del espacio público, donde todo se convierte en un centro comercial», apunta Borden. El arquitecto y teórico Léopold Lambert va un paso más allá y concibe la arquitectura hostil como ‘arquitectura convertida en arma’.